Si hay partidos trampa, el del Reino de León es un ejemplo. Un rival en caída libre hacia el descenso, con el lastre de diez jornadas sin ganar, el peor de Segunda en su estadio y con un entrenador recién llegado debiera ser la víctima ideal para cualquiera. Y lo fue. Lo que pasa es que la UD llegaba más asustada que ilusionada por una racha de resultados y juego deprimentes. De resultados, porque había sumado cinco de los últimos 21 puntos disputados, un promedio imposible para Primera. De juego, porque el plan amarillo, de tan previsible y falto de recursos creativos, se ha convertido en una bicoca para los técnicos contrarios.
Rubén de la Barrera no iba a ser una excepción a la hora de aplicar el antídoto: presión adelantada para dificultar a Barcia y Mármol en su función constructiva, marcajes al triángulo Amatucci-Loiodice-Fuster para ponerlos de espaldas a la portería contraria y vigilancia a los pelotazos de Horkas, principal plan alternativo que maneja la UD, aparte del balón parado. La duda era saber cuánto durarían el físico y la concentración de los leoneses, habituados a otras formas. Pues solo hasta el descanso.
Menos mal que Horkas se ha erigido un héroe con paradas milagrosas para mantener la ilusión. Ya se sabe que, cuando el portero es el mejor, hay que felicitarlo y pedir explicaciones a los demás. Como sucedió apenas a los 11 minutos cuando volvió a salvar un remate a bocajarro, esta vez de Luis Chacón. Un minuto después, sin embargo, medía mal una salida fuera del área que no acabó en gol por la impericia local.
Con mayor pujanza atacante de los blancos gracias a su velocidad, se saldó una primera parte en la que el único peligro amarillo fue un espejismo con dos remates de Jesé y Miyashiro en posición ilegal, pero que desnudaron la endeblez defensiva de la Cultural a sus espaldas. Una vulnerabilidad que Fuster, por fin asentado en su sitio, explotó en el arranque de la segunda parte con una falta medida a Mika Mármol para el primer gol y un remate afortunado desde la frontal para el segundo. Dos ocasiones hasta el minuto 56, dos goles. Premio inaudito para tan poca producción. Quedaba claro el porqué de la clasificación culturalista y, en particular, sus nefastos resultados en el Reino de León (solo diez puntos de los 45 disputados, con dos victorias, cuatro empates y nueve derrotas).
Con el resultado a favor y por dos goles, el partido se dio por acabado, porque ya sabemos la prioridad defensiva de Luis García, incluso con menos renta. El premio de Sandro al final convierte a la Leonesa en el equipo al que la UD ha infligido más goles esta temporada con un total de siete. No es casual. Ahora, agarrada al sexto puesto, recupera crédito, pero persiste la incógnita del rendimiento frente a rivales competitivos como el que se avecina.