El madridismo ha dejado de tener fe en la actual temporada. Todas las alusiones retóricas de Arbeloa a los lugares comunes del club han dejado de tener sentido. El equipo blanco llega muerto al momento crucial de la temporada y no parece que existan noches épicas en la recámara de las que tirar en Champions. Son solo cuatro puntos los que le separan del Barça en Liga, pero el Madrid se desconecta con tal facilidad que nunca sabe su aficionado cuando se va a producir el siguiente accidente.
Nostalgia por Mbappé
El Getafe de Bordalás sacó las miserias de un equipo capaz de alternar un partido bueno con tres indignos de un club llamado a ganarlo todo. Más si cabe cuando sumó un jugador del nivel de Mbappé a un proyecto que venía de conquistar la 15 Champions. El único de esperanza que le queda al madridismo es con su historia. Pero los espíritus empiezan a ser eso, un reflejo de lo que un día fueron. Con el francés fuera de combate, el grifo de goles se ha reducido a una genialidad de Vinicius.
El brasileño cuajó ante el Getafe uno de esos partidos de inicio de temporada. Intentos y quiebros al aire, con tendencia a la desesperación, porque Bordalás supo ponerle un cerrojo y adecuado. Cuando a Vinicius no le salen los planes, queda reducido a un jugador que se enfrenta al mundo. Ha ido acumulando enemigos, por lo que, al final, alguno de los que le toma la matrícula termina pasándole factura. Sucedió con Nyom, quien en el partido de ida duró 38 segundos en el campo tras una entrada sobre el '7'.
"Vinicius se ha acercado a decirme que 'muy buen cambio'. No tiene que venir a decirme eso, no tiene que venir a provocarme", lamentó Bordalás en la ida en un encuentro que Mbappé rescató con un tanto en el 80. Otro duelo en el que el alicantino plantó cara a un equipo al que no le había ganado en 16 partidos. Su mayor botín, dos empates, el último durante esta Liga. Arbeloa, que ha perdido el 33% de los encuentros que ha dirigido, cargará con una estadística que quiso combatir en sala de prensa con argumentos como "el árbitro ha permitido que se jugara a no jugarse".
Y Guardiola a la vuelta de la esquina
La realidad es tozuda, más cuando te la muestra tu afición. Parte de la misma se quedó a aplaudir al Getafe de Bordalás en su vuelta de honor a un Bernabéu que enmudeció con el gol de Satriano. Hasta el pequeño rincón en el cuarto anfiteatro de camisetas azules puso sus cánticos por encima de un estadio donde se escucharon, otra vez, gritos de "Florentino, dimisión", con el presidente en el palco. Al lado de un Ángel Torres que, pese a los desencuentros públicos que pueda tener con Bordalás, sabe que es el padre de un milagro que explica con una dirección de campo difícil de igualar.
Ya son varios los partidos que terminan con la mirada dirigida al palco. Hay sectores del campo especialmente críticos con lo que está viviendo en una temporada que, lejos de visualizar su fin, afronta la mayor de las subidas. Con el Manchester City de Guardiola como rival de un Madrid abocado a un acierto individual que desate un revivir psicológico que el equipo ha sido incapaz de mantener en el tiempo. Si hace unas semanas, después del tropiezo del Barça en Girona, el castillo de naipes se levantaba como favorito, las derrotas frente a Osasuna y Getafe se han llevado por delante la euforia puntual.
Lo peor para el Real Madrid es que la desconfianza se ha instalado en su entorno. Lo contrario a lo que habitualmente sucede en un club que, gracias a sus particulares ejercicios de fe, ha sacado adelante películas de terror para el resto. Sin embargo, la huida antes de tiempo en la vuelta contra el Benfica, como también ocurrió ante el Getafe, son síntomas de un divorcio que ni un enemigo común como Guardiola parecen capaces de alterar. Solo les queda aferrarse a un regreso de Mbappé que se está perdiendo los capítulos de una desintegración para la que, de momento, nadie tiene remedio. Los primeros, Arbeloa y un núcleo de jugadores a los que se las ha dado un poder con una responsabilidad que les viene grande.