El pasado domingo, la persona más feliz y orgullosa de la familia Nsongo no estaba en Zubieta firmando el tanto del empate del Deportivo contra la Real Sociedad B. Se encontraba a 4.500 kilómetros, en Ekounou, un barrio de Yaundé, la capital de Camerún. «Le dedico el gol a mi madre», reconoció Bil Nsongo tras estrenarse como goleador con el primer equipo. Tegomo Philomène Nsongo, la madre del delantero del Fabril, que está tirando abajo la puerta del primer equipo, vibró de emoción al ver a su hijo crecer a pasos agigantados, abrirse un hueco entre los mayores y acercarse a los sueños que empezó a perseguir hace poco más de un año, cuando el Dépor llamó a su puerta.
No hay nada como las primeras veces y, en el caso de Bil, el gol contra la Real Sociedad B tuvo una dedicatoria especial. Puño en alto mientras David Mella recogía el balón para ir a por la remontada, dedos índice al cielo, y corazón y cabeza pensando en su apoyo más importante: su madre. Los vínculos familiares siempre son fuertes, pero, en el caso del futbolista camerunés, ella lo es todo para él. La lleva en las espinilleras en cada partido y le da fuerza para avanzar con su camino hacia la élite del fútbol.
Bil viene de una familia grande, con varios hermanos, un padre y una madre que le alientan en la distancia. Es un entorno humilde, pero que le ha dado una buena educación y que le mantiene los pies en el suelo, el factor indispensable para trabajar, crecer y defender los colores del Deportivo. Desde que salió del Canon Yaundé, su club en Camerún, para incorporarse al Fabril, no le han podido ver en directo. No se pierden ningún partido por la televisión, ni los del primer equipo, ni los de su hijo con el filial que dirige Manuel Pablo.
El héroe de Ekounou
En una ciudad tan futbolera como Yaundé, que ha visto salir de sus calles a leyendas del fútbol africano como Roger Milla, Bil Nsongo ya es el particular ídolo de su barrio. Ekounou es un suburbio de la capital, ubicado un poco al sur y próximo al segundo aeropuerto más importante de la urbe. Y, desde hace poco más de un año, es un remanso de deportivismo en el corazón de Camerún.
Amigos, familiares y vecinos de Bil visten con orgullo los colores que el jugador más ilustre de la zona defiende a capa y espada en A Coruña y que ya siente como propios. Su madre y su hermana lucen la camiseta blanquiazul y también la visitante, con los patrones de la bandera de Galicia. Esperan poder visitarle y verle jugar en vivo el año que viene, quizá, ya como un delantero establecido en el primer equipo.
Ya era un héroe en su barrio cuando llegó a ser capitán de la selección sub 20, pero, ahora, va un paso más allá. La Federación de Camerún sigue sus progresos en el Deportivo y, si continúa su evolución, la absoluta puede abrirle la puerta.
Aunque su madre se llevó buena parte de sus pensamientos al ajustar ese disparo al segundo palo en Zubieta, Bil también sintió y remarcó su gratitud hacia el club y la afición del Dépor. Entre los apoyos que recibe desde la grada y fuera del campo, entre las oportunidades que le brindó el club para dar el salto al fútbol europeo, él se remarca agradecido y enamorado de la entidad. Un deportivista más, un ídolo en su barrio y un hijo con una madre orgullosa al ver sus progresos a más de 4.500 kilómetros de casa.