El Real Madrid ha superado la eliminatoria sin pena ni gloria. Más allá del objetivo cumplido, la sensación que deja el cruce es la de un equipo que avanzó por inercia competitiva más que por brillantez. Solo Vinicius y Courtois ofrecieron un nivel sostenido y diferencial, mientras que el resto del bloque transitó los 180 minutos con altibajos evidentes y tramos de desconexión preocupantes. Especialmente simbólicos fueron los primeros quince minutos en el Bernabéu, cuando el empate de Rafa Silva encendió las alarmas y a más de uno se le vinieron los peores presagios a la cabeza. En términos generales, el Madrid fue menos malo durante más tiempo que el Benfica, una conclusión pragmática que explica el pase, pero que difícilmente alimenta el entusiasmo del madridismo.
AUTOCONVENCERSE PARA CREER
El Real Madrid no contó con piezas titulares en su esquema como Mbappé, Rodrygo, Bellingham, Militao o Huijsen, ausencias que condicionaron tanto el once inicial como las alternativas desde el banquillo, ya que se tuvo que tirar de Thiago Pitarch y César Palacios. Este factor introduce un elemento de cautela en el análisis: la versión mostrada ante el Benfica no necesariamente será la que se vea en las noches grandes si el equipo recupera a sus titulares y alcanza su plenitud física. En ese sentido, el pase discreto puede interpretarse como una transición y “seguir vivo”, más que como una foto finish del potencial competitivo del conjunto blanco.
Los entendidos del fútbol siempre suelen repetir una máxima tan simple como efectiva: cuando no estás bien, al menos no pierdas. En eliminatorias de Champions, donde el margen de error es mínimo, saber sobrepasar tus malos momentos es algo vital para alcanzar grandes cosas en esta competición, y el Madrid precisamente, sabe hacerlo. Eso fue exactamente lo que hizo el equipo de Arbeloa: sin exhibiciones ni alardes, evitó la caída, que hubiese sido el escenario más dramático.
EL RESTO DE FAVORITOS EN LAS QUINIELAS
Es evidente que el Real Madrid todavía no se acerca, en términos de juego, a los mejores equipos de Europa. Bayern, Arsenal, PSG, Manchester City o incluso el Barcelona actual (todos ellos aspirantes al título) cuentan con plantillas completas, con jugadores de primer nivel en todas sus posiciones, y han logrado consolidarse como colectivos sólidos capaces de sostener un estilo claro. Frente a ellos, el Madrid aún muestra fisuras defensivas, dependencias individuales y la eterna laguna del mediocentro que limitan su autoridad en el panorama continental.
Sin embargo, si hay un equipo que puede permitirse ganar la Champions sin desplegar su mejor fútbol, ese es el Real Madrid, ya lo ha demostrado en alguna edición. Con individualidades capaces de definir partidos, el club blanco sigue siendo una amenaza latente. Por ello, mientras no quede matemáticamente eliminado, seguirá apareciendo en todos los pronósticos como candidato a levantar la Orejona, sostenido tanto por su historia en la competición como por la capacidad de sus figuras para decidir en cualquier instante.