En noviembre de 2025, tras el paso por el banquillo de Emily Lima y de Santi Triguero, el Levante UD se hizo con los servicios de Andrés París. En los escasos tres meses al frente del equipo femenino de la entidad, ha conseguido las dos primeras victorias de la temporada, y transmitir al conjunto una mentalidad ganadora y de lucha, si bien no ha podido abandonar todavía los puestos bajos de la clasificación.
Andrés París, madrileño a pesar de haber nacido en Ourense, donde sus padres fueron destinados como maestros, es un hombre expansivo, optimista, extraordinariamente afable y cercano, de palabra fácil e ideas claras. Licenciado en Pedagogía por la Universidad Complutense de Madrid y experto en inteligencia emocional, se ha dedicado preferentemente a unir pedagogía y deporte. Autor de cuatro libros sobre gestión emocional y de un poemario, ha colaborado estrechamente con la Asociación de Futbolistas Españoles y con el mítico Estudio estadio de TVE.
Andrés París nos recibe en su despacho de la Ciudad Deportiva de Buñol, localidad donde reside actualmente, disfrutando de una vida más relajada que en la vorágine madrileña. El Levante UD es su primer gran reto como entrenador, y se centra en su faceta de coach, en la importancia de gestionar las emociones, y en dirigir un equipo de fútbol tomando como base el componente humano que lo forma.
Andrés, parafraseando el final del film Pickpocket de Robert Bresson: ¿Qué extraño camino tuviste que recorrer para llegar hasta aquí?
En la vida hacemos muchas cosas que parece que no tienen sentido, y luego tienen más sentido de lo que parece. Cuando empecé a jugar al fútbol, no sabía que, animado por Vicente del Bosque, terminaría escribiendo un libro; y cuando empecé hace ocho años en fútbol femenino, en un equipo de Preferente de Madrid, tampoco me imaginaba que llegaría a Primera División. La vida me ha enseñado a hacer cosas sin buscar mucho el resultado último. Yo, si lo siento, voy; me da igual el sitio donde esté.
¿Qué tipo de reto suponía para ti, superados los 50 años, hacerte cargo de un equipo femenino de la Primera División?
La madurez es una habilidad fundamental para quien entrena un equipo de fútbol. Y esto también lo decía Del Bosque. Cuando oyes esa frase con 30 o 40 años piensas que no es así, que uno ha de ser joven para que esa parte de juventud, de osadía, te dé más recursos para gestionar un equipo. Cumplidos los 50, te percatas de que estabas en el error. Los 50 son, a nivel deportivo, una madurez, y esta te hace comprender que las oportunidades llegan cuando uno está preparado. La de entrenar al Levante UD me ha llegado cuando yo me siento preparado mental y emocionalmente para afrontar un reto de estas características.
¿Crees que un entrenador que se precie ha de ser una mezcla de cerebro táctico y de coach?
Lo que yo intento es darle importancia a una parte a la que se le da poca. En el fondo, le doy a la pedagogía deportiva la importancia que creo ha de tener. En tanto pedagogo, tan importante es lo físico y táctico como lo emocional, pero pocos entrenadores le dan ese valor ni lo ejercitan. El fútbol es extremadamente difícil a nivel de gestión emocional. Otros deportes tienen otras características, pero el fútbol es una jungla de emociones, y quien sea capaz de mejor gestionarlas parte con ventaja.
Tras el paso por el banquillo del Levante UD de Emily Lima y de Santi Triguero, tu llegada se notó para bien, y callaste muchas bocas (entre ellas, la mía). El pálpito del equipo, a pesar de los resultados, no ha ido a menos, sino todo lo contrario. ¿Hay momentos en que es más importante un coach que un entrenador “clásico”?
Lo táctico ha de estar supeditado a la persona. Yo puedo cambiar el modelo de juego, pero no a las personas. Algunos entrenadores inciden en el modelo, y les va bien. Yo, en cambio, analizo a las personas con que cuento, y las ajusto al modelo. Lo táctico es importante siempre y cuando lo supedites a las personas con que cuentas. Puestos a elegir prefiero que el tanto por ciento mayoritario sea el conocimiento humano de la persona por encima del conocimiento táctico. A mí me da el conocimiento mirar a los ojos a las jugadoras, verlas en el día a día, saber hasta dónde se les puede exigir, conocer dónde se sienten más cómodas… Entre anteponer la táctica a las jugadoras, o anteponer a las jugadoras como seres humanos a la táctica, no tengo ninguna duda.
Una lesión como la que ha sufrido Érika González, jugadora tan carismática e importante, tú has hecho que esté notándose menos de lo que era esperable, con un tándem Ana Franco y Ari Arias que llegan y crean. ¿Es un éxito solo táctico o hay mucho trabajo de coach detrás?
Hay mucho trabajo personal también de las mismas futbolistas. Al enterarnos de la gravedad de la lesión de Érika, les hablé de que no participar, no significa que no influyas. El ser humano es fruto de un sistema, es decir, de un conjunto de elementos relacionados entre sí, y un vestuario funciona como un sistema. Por tanto, que Érika no participe no significa que no esté; está, pero de otra manera. Lo hablamos, y les di esa tranquilidad. Y es verdad que se ha notado un reseteo rápido. Cuando ocurren desgracias así, suele pasar que hay personas que aparecen. Y ahora somos nosotras las que debemos dejar salir nuestro talento y nuestro liderazgo, porque muchas veces estamos tapadas por una buena jugadora. ¡Y vaya por delante que ojalá no se hubiera lesionado Érika!, pero una vez ha sucedido intentas dar soluciones desde la parte más pedagógica, más humana.
¿Cómo encaras cada partido? Es decir, ¿trabajas igual si el próximo rival es el FC Barcelona o uno a priori más asequible?
Yo me guío por tres palabras que responden a actitudes innegociables: intensidad, entendida como máximo esfuerzo físico y cognitivo; resiliencia: el alto rendimiento va de afrontar adversidades, no conozco ningún alto rendimiento que sea un camino de rosas; y, por último, carácter. El deporte se encarga de ponerte a prueba; es un medidor de saber si estás preparado o no. A la hora de encarar un partido concreto, no soy un entrenador obtuso: sé de nuestras debilidades y de nuestras fortalezas, y a través de unas y otras se procura un trasvase para convertirlas en oportunidades.
¿Existe la mala suerte?
No, en absoluto. Ni la mala ni la buena. Existe el trabajo. Hay veces en que el balón da en el poste y se mete, y otras en que se sale. En vez de en la suerte, yo soy más de pensar en pequeños detalles que puedas manejar. Hablar de suerte desprestigiaría un poco todo lo que hacemos. Si trabajamos toda la semana concienzudamente y luego va y ganamos de suerte, pues me parecería tremendamente injusto. En el mundo del deporte, cuanto más realistas seamos, mucho mejor, porque si es suerte, entonces no entrenamos y nos vamos al partido directamente a ver qué pasa.
¿Qué le faltó a este Levante UD para que tantas derrotas por la mínima no se convirtieran en empates? Solo con las de este año tendríamos tres puntos más, que nos habrían situado fuera de los puestos de descenso…
Lo que demuestran esos resultados es que el proceso lo estamos haciendo bien. Hay muchos partidos en la liga con marcadores abultados en contra, y nosotras perdemos por la mínima. Eso nos indica que has competido bien, que has estado cerca, que seguramente en el descuento el equipo contrario ha acabado pidiendo la hora… A las jugadoras hay que felicitarlas por cómo entrenan y por cómo compiten, con sus fallos y sus aciertos, y todo el mundo lo dice: “Sois el típico equipo trampa, venís como colistas, pero no se os puede regalar ni un segundo”. Es difícil lo que pedimos, pero hay que seguir confiando en el proceso, porque nosotras estamos creciendo, quizá a modo del bambú: necesita tiempo de asentarse hacia abajo para luego surgir hacia arriba. No hay que confundir el rendimiento con el resultado. Si rendimos bien, llegarán los buenos resultados.
¿Cómo está viviendo la plantilla la situación del Levante UD este año, con tantas jugadoras veteranas que han conocido las mieles de otros tiempos, que son internacionales con sus selecciones, que son jovencísimas cedidas de importantes clubs…?
Ya el año pasado se estuvo ahí abajo. Eso demuestra que el mismo escudo puede estar arriba o pasarlo mal. Las jugadoras también se tienen que resetear. Es una plantilla con mucha calidad, pero quizá no tiene esa veteranía. Sin embargo, a mí no me gusta tener mirada de retrovisor para ver cómo era el Levante UD de hace dos o diez años; a mí me gusta tener efecto catalejo. O miro atrás y me lamento, o miro hacia adelante. Estamos las que estamos, tenemos esto por delante, y toca afrontarlo.
¿Hay que luchar cada semana contra el desánimo?
Para nada: las jugadoras entrenan bien, compiten bien, demandan más, les enviamos vídeos de manera individual para mejoras y los analizan, están ávidas de conocimiento… Y si luego llega el partido y no da, pues, mira, pasaremos un domingo malo, pero a pensar en el siguiente encuentro. Pero siempre desde esa honestidad.
En cada partido, cambias jugadoras que parecen insustituibles. Mantienes bastante homogénea la zaga defensiva, pero el centro del campo es un vaivén cada jornada. ¿Se trata de rotaciones, de escoger jugadoras para cumplir determinados planteamientos en el terreno, de un análisis del rival…?
Al final los entrenadores tenemos ciertos movimientos, y un comportamiento de visualización, y a veces visualizas un partido con una determinada jugadora. Son intuiciones que a mí me gusta compartir con el staff. Yo vengo de un mundo en que todos analizamos, en que nadie da nada por sentado, y la única forma de generar dudas es formular preguntas. De ahí que me gusta que nos preguntemos cosas, pues cuanto más incómoda sea la pregunta, más concienzuda será la respuesta.
En esos cambios se incluye también la portería…
Sí, la portera es una jugadora más. A mí me gusta decir que el césped es el juez, que el césped dicta sentencia, es el que pone y quita, el que no miente. Tiene un componente de verdad que los entrenadores conocemos, y refleja sin ambigüedades quien entrena al 100 % y quien al 80 %.
Andrés, ¿cómo se maneja un vestuario donde entre una jugadora y otra puede haber quince o más años de diferencia?
Como decía Marcelo Bielsa, los vestuarios han de tener futbolistas con gran experiencia, futbolistas muy jóvenes que son quienes generan energía, y luego la gama media. En esa verticalidad, también se produce un proceso de aprendizaje. Muchas veces a las veteranas les toca dar un paso atrás para ponerse al lado de las más jóvenes, y otras veces las jóvenes han de dar un paso de madurez para situarse al lado de las veteranas.
En tanto autor de tres libros sobre motivación dedicada al profesorado, a padres y madres, y a futbolistas, ¿hay un punto común en el que como humanos caigamos y recaigamos?
Sí: tenemos en general muy poco conocimiento emocional que nos ayude a gestionar las emociones. La motivación para escribir Pon en juego tu emoción surge de las sesiones que yo impartía para la Asociación de Futbolistas Españoles: me daba cuenta de que la inmensa mayoría de futbolistas eran (dicho con todo el respeto y cariño, y con todas las comillas) “analfabetos emocionales”, y lo afirmo desde la tristeza, pues no sabían qué era una emoción, confundían emoción con sentimiento, sentimiento con estado de ánimo… En mis libros hago hincapié en lo básico que es saber gestión emocional.
Y en el liderazgo…
En particular en el liderazgo de esas personas que han de serlo por el mero hecho del lugar que ocupan (madres y padres, profesorado y entrenadoras y entrenadores). Qué herramientas tienes para ser líder, y qué base en cuanto gestión emocional.
¿El fútbol femenino está condenado a vivir sin afición?
No. La gente debe saber que estamos en proceso, que se están haciendo muchas cosas bien para crear el esqueleto, la estructura… No queramos ya estar arriba. La federación, los equipos, la Liga F están trabajando muy sabiamente. Estamos en construcción. Quiero pensar que esos aficionados están también en construcción. Es asimismo verdad que padecemos una descompensación en el sentido de que los clubs intentan abrir los grandes estadios, pero no se llenan, y a lo mejor hay que buscar soluciones para realzar al público que va. El fútbol femenino está siendo cada vez más atractivo, y más táctico, y esa es una baza incalculable.
¿Andrés París tiene sueños importantes como técnico?: entrenar a uno de los clubs grandes de Europa, convertirse en seleccionador nacional…
¡Yo ya estoy en uno de los grandes equipos de España! La vida me ha enseñado a soñar en grande, pero con pasitos pequeños. ¡Claro que, puestos a soñar, me encantaría tener una oportunidad en el extranjero, trabajar para la selección española…! No obstante, soy más de pensar en ganar el próximo partido, luego ganar el siguiente, mantener la categoría… Como escribía Antonio Machado: “Se hace camino al andar”
¿Hay todavía un machismo intolerable en el mundo del fútbol?
Por desgracia, sí; en la sociedad en general todavía hay mucho machismo… Y no siendo generalizable a toda la afición, el fútbol masculino es un refugio de violencia, algo que me entristece como amante del césped y poco amante de la grada en el sentido de esos comportamientos, pues no me siento reconocido, y reniego de esa violencia gratuita. En esto el fútbol femenino está dando ya una lección de integridad y de respeto: la grada es amistosa, se va a disfrutar y no a oír salvajadas.
¿Crees que el fútbol femenino aún puede evolucionar para convertirse en una cosa distinta y mejor que las tensiones, presiones y violencia del masculino?
El fútbol femenino debe hacer su camino, y cuanto más nos comparen con el masculino más equivocados van a estar. Es diferente al masculino, y en este hay patrones perimetrales, sociológicos, eminentemente odiosos (violencia, insultos, agresividad, mala imagen hacia la infancia…). Educación y deporte se tienen que llevar bien, no violencia y deporte. El fútbol femenino tiene un espacio en ese tándem, lo está ocupando muy bien, y tiene todavía que desarrollarlo a mejor, está haciendo un precioso camino en el binomio de educación y deporte. Si una familia quiere ir con sus hijas y sus hijos al fútbol, mucho más sano y recomendable es ir a ver un partido de fútbol femenino.