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Con lo de Trump había que levantarse e irse del Mundial

Los veranos de Mundial son veranos especiales. El ambiente es distinto; alegre, divertido, emocionante. Y este no es una excepción. Estamos viviendo una Copa del Mundo maravillosa en cuanto a lo futbolístico y en lo sentimental.

Hemos podido despedirnos de Neymar y Cristiano Ronaldo, estamos viendo una nueva generación de bestias que van a romper todos los récords que existen y, de nuevo, un par de décadas después de empezar a deslumbrar al mundo, Leo Messi está demostrando que cualquier debate habido y por haber ha sido –o será– un debate infértil y un sinsentido empujado por el marketing y la necesidad de vender.

Con 39 años ha certificado lo que muchos ya sabíamos, que es el más grande de la historia, y mientras unos se despiden a lo grande, él jamás lo hará, porque ha elegido la inmortalidad. Hemos presenciado gratas sorpresas como la de Cabo Verde, hemos reído al ver a jugadores completamente desconocidos convertidos en super estrellas en las redes sociales y lo mejor de todo, es que ahora empieza lo bueno; esta noche empiezan los cuartos de final, empieza lo que todos vamos a recordar en el futuro.

Pero como siempre y cada vez más, hay algo o alguien dispuesto a desvirtuar y manchar la belleza. En esta ocasión hablamos de una herida grande, inédita y vergonzosa. El presidente del país organizador, Donald Trump, ha llevado a cabo lo impensable a plena luz del día, sin remordimientos y con el visto bueno y pusilánime de Infantino.

Que el presidente de un país se atreva a llamar al mandamás de la FIFA para que retire una tarjeta roja a uno de sus jugadores es tan grave que lo mínimamente digno que se debería haber hecho es levantarse e irse. Es tan grande el oprobio que es incomprensible que esto siga como si nada hubiese ocurrido. Es incomprensible desde la ingenuidad, porque observando lo que ocurre en el mundo, no es ninguna sorpresa que la cobardía y la sumisión le ganen la partida a lo indómito y a la dignidad.

Como la denuncia firme de las selecciones y del mundo del fútbol es la mayor de las utopías, al menos, los que tenemos un altavoz debemos dejar por escrito la inconformidad con los hechos por el peligro de estos. Nos encantan los goles, los regates, las celebraciones, los veranos de mundial y las reuniones en los bares para ver los partidos. Nos encanta el fútbol. Pero la dignidad y la justicia están por encima de cualquier copa del mundo, partido histórico o golazo antológico.

Fuente original: www.sport.es →