La semifinal entre Novak Djokovic y Jannik Sinner promete ser un espectáculo. Este partido no solo enfrenta a dos de los mejores jugadores del circuito, sino también a dos formas de entender el rendimiento de élite que, pese a la diferencia de edad, comparten una misma obsesión: llevar su cuerpo al límite.
Durante años, la preparación física de un tenista consistía en acumular horas de pista y gimnasio. Hoy, en cambio, la diferencia entre ganar o perder una final de Grand Slam también se decide en los métodos que utilices para recuperar tu cuerpo, el descanso que se haga o lo que se coma.
A sus 39 años, Djokovic es capaz de vencer a tenistas 15 años menores que él gracias a un trabajo previo muy exigente con su cuerpo. Es una realidad que la edad no perdona, pero, tal y como él ha confesado, la calma bajo presión se entrena como cualquier otro golpe.
Djokovic y la tecnología de la mano
Su preparación incluye desde el uso de cámaras hiperbáricas para mejorar las funciones metabólicas o reducir la inflamación en ciertas partes del cuerpo, automasajes para mejorar la respiración o incluso guantes refrigerantes que consiguen bajarle la temperatura.
El de Belgrado confía mucho en las nuevas tecnologías para favorecer su preparación física; de hecho, explicó que en 2023 empleó un dispositivo nanotecnológico portátil que combinaba la acupuntura con la terapia de luz en su cuerpo durante un partido.
Aunque el favorito para alzar el título sea Sinner, 'Nole' está dispuesto a luchar hasta el final, tal y como se pudo ver en su último encuentro ante Aliassime. Una ardua batalla que solo hace que reconfirmar que el serbio sabe gestionar a la perfección su energía en duelos prolongados gracias a su experiencia, resistencia y capacidad de mantener a raya cualquier emoción.
Sinner más problemas fisicos
En el otro lado de la red, Sinner, de 24 años, representa a la nueva generación de tenistas. El italiano ha convertido la potencia, la explosividad y el trabajo específico de fuerza en algunas de sus principales armas.
Pero físicamente, el italiano ha tenido graves complicaciones, como se pudo ver en la reciente edición de Roland Garros o cuando se retiró el año pasado en Cincinnati ante Carlos Alcaraz. En su caso, Sinner intenta monitorear su energía mediante el uso de parches de glucosa en tiempo real para optimizar su nutrición y suplementación en pista, según explica ESPN.
El actual número uno del mundo se sometió a varias pruebas en Italia para averiguar de qué forma podía mejorar su resistencia física. Algunos expertos apuntaron a una baja ingesta de carbohidratos antes del partido junto con falta de hidratación.
Sinner, quien ha sufrido de calor y calambres en encuentros anteriores, afrontaba la gira de hierba afirmando lo siguiente: "Necesitamos entrenar en condiciones más calurosas. Creo que en todos los lugares donde jugamos hará mucho calor. Cada año hace más calor. Es un tema muy importante", señaló el de San Candido.
Dos tenistas físicamente muy diferentes
Comparando su estructura corporal, Sinner tiene una complexión más estrecha, lo que le ayuda a tener una gran aceleración en distancias cortas. Por su lado, Djokovic es más corpulento y elástico, además de tener mucha resistencia en partidos largos.
Marco Panichi un punto de unión
Existe, además, un nexo que une a ambos. El preparador físico Marco Panichi, uno de los mayores referentes del circuito, trabajó durante años junto a Djokovic y, posteriormente, pasó a formar parte del equipo de Sinner. Marco lo dejó claro en su momento: "Djokovic y Sinner son los dos tenistas que mejor forma física tienen"
Panichi apunta a una gran diferencia entre la gestión de la presión en ambos tenistas. Explica que, en el caso de Djokovic, necesita una estimulación psicológica y sentir la rivalidad para motivarse. En cambio, explica que Sinner es más reservado y necesita un entorno de absoluta tranquilidad; no funciona bajo provocación o presión añadida.
Su experiencia permite entender cómo ha evolucionado la preparación física en el tenis moderno y qué aspectos diferencian a estos dos jugadores separados por quince años que comparten la misma idea constante de alcanzar la victoria en Wimbledon.