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Ferran Torres, si no nos quieres, vete

Mitificamos demasiado a los futbolistas. Los ponemos en un pedestal cuando lo único que hacen es jugar a fútbol. Sí, es verdad, disfrutamos de lo lindo con este deporte, nos emocionamos con esos jugadores tocados por una varita, pero seamos objetivos, solo son futbolistas.

Algunos pensaréis que lo que escribo es demagógico y populista. Pero estos chavales jóvenes, no muy afilados intelectualmente y tremendamente ricos, solo chutan una pelota. Ni salvan vidas, ni protegen la tierra, ni escriben poesía ni limpian las calles. Hay algo tremendamente peligroso en esta divinización: al final se lo acaban creyendo. A Ferran, quien ha marcado el gol más importante de su carrera hace apenas unas semanas, ese gol que nos hizo gritar de alegría a muchos, le deberían aconsejar mejor esos amigos y familiares que le quieren. En esta gira mediática está demostrando que es bien fácil pasar de los infiernos a creerse un elegido de Dios.

Y ni una cosa, ni la otra. Claro, aprovechando esta ola de fama engreída, de esta adoración desmesurada, Ferran ha pensado que la mejor idea es jugar con su club, nuestro club, con el Barça. El equipo que pagó una millonada por él y que le ha mostrado siempre respeto y paciencia en esos –muchos– momentos en los que no le salían las cosas. Entiendo que esto es un trabajo, no hay ingenuidad en lo que escribo, pero jamás entenderé cómo esas personas que ya lo tienen todo, prefieren llenar un poco más sus cuentas que contar con el respeto de (¿su?) gente. Es, al fin y al cabo, respetarse a uno mismo. No sé muy bien qué puede estar pasando por la cabeza del presidente Laporta, Deco, Flick y compañía. Aunque puedo imaginármelo.

Lo que tengo claro es que si el Barça se diferencia de otros equipos es por, entre otras muchas cosas, querer una plantilla que no solo juegue bien al fútbol, sino que también sientan el club y los colores como propios. Esta idea cruyffiana que recordaba que quien no tenga claro querer jugar en el Barça, la única opción que tiene es irse y cerrar la puerta. Bon vent i barca nova.

Ferran Torres, ese chaval sencillo, trabajador y amigo de sus amigos, está sufriendo el síndrome de la rockstar: estaría bien recordarle que solo es futbolista y, sobre todo, que la gente del Barça siempre le ha querido y respetado, en los momentos en los que le salían bien las cosas y en los que no. Si no lo tiene claro, si prefiere el dinero o un momento efímero en la cima, volviendo a Cruyff, ya sabe lo que hacer: irse. “El que dude de jugar en el Barcelona, ya no nos sirve”.

Fuente original: www.sport.es →