"El club no es de Orlegi, es de sus aficionados, nosotros somos gestores", subrayó José Riestra, presidente ejecutivo del Sporting, en su primer acto con una peña. Le tocó viajar ayer a Candás, acompañado por Eric Curbelo, César Gelabert, Joaquín Alonso y José Redondo, para celebrar la inauguración oficial de la Peña La Resaca, que con un año de vida (tiempo que lleva en marcha) ya reúne a 110 socios.
También se reunieron otros integrantes del staff, como Carlos Castroagudín, preparador físico del primer equipo que no perdía de vista a Gelabert y Curbelo mientras echaban un rondo en la calle con los chavales más jóvenes de la peña, o el fisioterapeuta Marcelino Torrontegui. Castroagudín y Torron, muy unidos a la peña por sus raíces candasinas.
En su primer contacto con los aficionados, Riestra se mostró cercano, firmando bufandas a la llegada, intercambiando impresiones y agradeciendo la invitación. Una vez dentro del bar La Gueta, sede de La Resaca, volvió a asumir los errores que desencadenaron la protesta de la afición en El Molinón ante el Deportivo. "Lo que tocó vivir en días pasados fue un punto de inflexión. Coincido que no son los 22 euros, son las cosas que han sucedido a lo largo de estos años lo que ha llevado al distanciamiento", expresó el presidente ejecutivo.
Sus palabras llegaron después de que el secretario de la Peña La Resaca, Alejo Longo, le recordara que la reivindicación "no está enfocada en el dinero, sino en la gestión del mismo", asegurando que el apoyo de La Mareona va a estar en cualquier lado y por encima de cualquier situación. "Como si el Sporting juega en la estepa rusa, iremos", ejemplificó Longo.
A esa reunión fue a la que apeló Riestra, que señaló que no cree en las coincidencias, sino en las "diosidencias" sobre que su primera visita como presidente ejecutivo sea a la Peña La Resaca. "El nombre va por dos lados. Por esa fuerza que hay que imprimir, pero también por lo que te lleva a reflexionar después de una gran resaca", señalando a los días pasados tras la división entre club y afición. "Son muchos años donde este club no ha estado donde debe y estoy convencido de que son muchos años donde ha habido gente poniendo mucho esfuerzo, pero de manera individual", expuso el presidente, añadiendo que "Orlegi es un gestor y tenemos una gran responsabilidad, pero no de negocio, sino de generar valor".
Riestra también centró su discurso en la idea de que, aunque el grupo sea extranjero, su misión en Gijón es la de lograr los máximos objetivos. "Lo entiendo, pueden decir que viene gente de fuera, pero sé que es gente profesional que lleva 18 años en la industria del fútbol y que ha generado valor en cualquier club que ha estado. Esto se trata de ganar", expuso.
Además, detalló "las tres cosas en las que cree Orlegi", enumerando las infraestructuras, los procesos y el talento. "En infraestructura, hoy Mareo lo es, nos falta El Molinón. En procesos, es la única forma de obtener resultados, puede haber uno que toque la campana y suba, pero sin proceso baja. Y en talento, en la gente que trabaja dentro del campo, los que nos toca fuera y la gente que rodea el club. El Sporting lo tiene todo y si lo hacemos juntos, me comprometo a celebrar el ascenso aquí", cerró el presidente.
Marañuelas "de Candás"
La celebración también llevó consigo un intercambio de presentes que comenzó con la entrega de un cuadro con imágenes de leyendas de diversas épocas que entregó Gustavo Alonso, presidente de Unipes que dejó un mensaje de confianza en Orlegi. "Hay un mantra entre la afición que es que esta gente vino a hacer negocio empresarial. Si es así, yo lo veo bien, porque eso va a redundar en los éxitos deportivos del club", aseguró.
Por su parte, el Sporting también regaló una camiseta del equipo con el nombre de la Peña La Resaca serigrafiado en la espalda. "Que en un año sean más de cien, dice mucho de la peña y para el Sporting es muy importante", les comentó Curbelo. Por su parte, los peñistas entregaron varios paquetes de marañuelas "de Candás", como apuntó Mario Castro, presidente de La Resaca. Con la institucionalidad llegando a su fin y los estómagos pidiendo picotear, cada uno se fue a su misión. Mientras cuerpo técnico y dirigentes conversaban dentro con los peñistas, Curbelo y Gelabert ponían a prueba a los más jóvenes en un rondo, dejando el primer símbolo de acercamiento entre club y afición tras las tensiones vividas.