En Segunda División es prácticamente imposible hacer predicciones. Son tantas las transformaciones que sufren los equipos de junio a agosto que nada está garantizado, por mucho que un conjunto se haya quedado a las puertas del ascenso la pasada campaña.
En la presente temporada, el ejemplo más claro es la situación del Mirandés, que estuvo la pasada campaña estuvo a solo 38 minutos de ascender a Primera División. Una campaña histórica que no ha tenido continuidad y que ha supuesto un golpe de realidad para un proyecto basado en cesiones y dependiente de la rápida adaptación de jóvenes promesas que llegan al Municipal de Anduva.
Muy diferente es el modelo de Haralabos Voulgaris en el Castellón, que se ha centrado en la revalorización de jugadores y en la continuidad de un buen trabajo realizado. Todo ello ha permitido crecer, en todos los aspectos, a la entidad cada temporada y, por ello, ilusionar a toda la ciudad de Castelló.
Este contraste explica el cambio de papeles que han vivido ambos equipos en apenas una temporada. Hace menos de un año se enfrentaron en la jornada 39 en un encuentro que resultó en una victoria de los jabatos que les aupaba a la tercera posición, a solo dos puntos del ascenso directo, consolidándose como la gran revelación de la categoría. Por su parte, el Castellón necesitaba puntuar para asegurar una permanencia que logró en la siguiente jornada ante el Eldense en el SkyFi Castalia.
Un año después, el escenario es completamente distinto. Los albinegros viajarán a Miranda de Ebro con la mirada puesta en poder sumar tres puntos que le mantengan en la viva pelea por el ascenso y los jabatos a seis de la permanencia.